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Hay ya una inusitada campaña interna en los partidos políticos por las candidaturas municipales y congresuales del próximo año. Son muchos los que aspiran a ser senadores, diputados, síndicos y regidores en sus respectivas demarcaciones.
Otros han comenzado temprano a promover sus aspiraciones para las elecciones presidenciales del 2008.
Los partidos políticos tienen incluso en estos procesos internos una forma de reactivarse. Es sin duda una forma costosa de hacerlo, pero son muy pocas las actividades que hacen para educar o para estudiar los problemas nacionales y proponer soluciones. Incluso, estas campañas parecen estar más montadas sobre la base del desgaste de los otros que de las propias propuestas que pueden surgir de los aspirantes a los distintos cargos electivos.
Podría decirse que se trata de aspiraciones que descansan en el fracaso, más que en las expectativas que puedan generar las propuestas que estos hacen a los electores, que son quienes con sus votos deciden los que ocuparán esos cargos municipales y congresuales, y también presidenciales.
El país gasta oficialmente el 0.5% del presupuesto nacional en los partidos políticos. Es decir, esta es la cifra consignada por ley a esas organizaciones, cuyos fondos son recibidos en partidas durante el año y de acuerdo a los procesos electorales.
Pese a que los partidos políticos se han estatizado, cada vez parecen hacer un peor papel en la vida institucional y en el desarrollo nacional. Las quejas de los electores es cada vez mayor con respecto a su desempeño en la vida pública. Y siendo así los partidos quedan con una deuda cada vez mayor frente a la sociedad.